LOS REPLICANTES: EL SUJETO DE LA IMAGEN Y LA SUBJETIVIDAD EN LOS MODOS DE IMAGINAR

 

 

“El hombre imaginario

vive en una mansión imaginaria

rodeada de árboles imaginarios

a la orilla de un río imaginario”

Nicanor Parra

 

 

 

La imagen esconde un vacío, un lugar en que toda significación es imposible: lo Real. Donde la superficie se vuelve impenetrable. En donde la percepción cobra forma porque no es posible de ser inserta es un modo de imaginar a la imagen. Ese lugar propio de la imagen es la que la sostiene, que hace posible el imaginar-la. Precisamente en la resistencia de la superficie es donde surge la posibilidad para articular un sentido que la haga imaginable. Lo Real de la imagen es donde comienza la posibilidad de encontrarnos con la imagen misma. En otras palabras, el modo de imaginar la imagen es la respuesta a lo Real que la sostiene; un recorte a lo Real.

 

En las imágenes se juega un modo de imaginar que se entrecruza, tensiona y entra en crisis con otros modos de imaginar. Una ontología del territorio se puede proponer entonces como una ontología del sujeto que se levanta a partir del estatuto ontológico en que reconocemos nuestra subjetividad. La subjetividad, si seguimos a Slavoj Žižek (2016), es un vacío puramente formal. “el sujeto está “dislocado” en el sentido más radical; carece constitutivamente de su lugar propio, por lo que Lacan lo designa con el matema $, la S “tachada”” (pos. 750). Así en la imagen nos orientarnos para cubrir el vacío.

 

En las imágenes nos reconocemos, pero también nos ubicamos ontológicamente. Al llenar el vacío del que nos constituye pensamos que tenemos una historia, nos hacemos una. Habitamos en las imágenes para hacer de la orientación que nos ofrecen un sentido.

 

Una de las peculiaridades del film Blade Runner (1981-2007[1]) es la obsesión de los replicantes por coleccionar y recopilar fotografías. El personaje de Rachel, quien lleva con ella una fotografía en la que supuestamente aparece de niña junto a su madre, no sabe que es una replicante hasta que es sometida a un test de verificación por parte del detective Deckard. Ellos, quienes han sido creados artificialmente, han de construir una memoria a partir de su ubicación en las imágenes fotográficas que dan testimonio de lo que son desde lo que las fotografías dicen que han sido.

 

En dicha peculiaridad surgen dos cosas que son importantes de analizar detalladamente pues nos pueden ayudar en la idea que se viene desarrollando en entradas anteriores de este blog. Me refiero a la idea del estatuto ontológico que encierra todo modo de imaginar mediante el cual la imagen se despliega para nosotros. La primera cosa es que sean fotografías y no simples imágenes electrónicas. En un mundo distópico de un futuro altamente desarrollado tecnológicamente, como el puesto en escena para Blade Runner, no pueden imaginarse imágenes sino fotográfica para dar certeza del pasado. En ello podemos detectar claramente que el modo de imaginar propio de las imágenes fotográficas es el único tipo de imágenes que nos ha llevado históricamente a cierta certeza de lo que aparece en ellas. Por lo menos en tanto registro.  El modo de operar del aparato fotográfico hace registro de la huella lumínica de lo que ha sido. El aparato fotográfico es el único que ha podido abrir un modo de imaginar en donde el mundo se vincula materialmente con la imagen.

 

Por otro lado, este hecho propio de la imagen fotográfica, de su modo de imaginar, es el único posible para que la memoria de los replicantes pueda articularse como una narrativa coherente, plena de sentido. Rachel sostiene lo que es tan sólo a partir de la veracidad que encuentra en la imagen fotográfica que las muestra a ella y su madre.

 

¿Qué podemos decir a partir de esto respecto del problema de la imagen, el sujeto y la subjetividad? La imagen jugaría una suerte de soporte externo para nuestra memoria desde la cual eso que decimos ser tenga cierta coherencia en la experiencia puesta en escena en las imágenes. La imagen nuestra, en tanto retrato de nosotros y de los que nos han rodeado, viene a llenar ese desajuste que siempre se nos presenta cuando nos enfrentamos a la pregunta: ¿Quién soy? Es una suerte de fondo sobre el cual levantamos el sentido para la continuidad que damos a nuestra experiencia y establecemos lo que somos, es decir, damos materialidad al estatuto ontológico en el cual nos ubicamos.

 

En las imágenes pensamos el lugar que habitamos (estatuto ontológico) y el sentido en el que nos movemos. Y esto se pone en movimiento desde el momento en que imaginamos la imagen. La imagen, al abrirse, puede entenderse como uno de los modos en que nuestra subjetividad se abre. Pareciera que no podemos sino ser replicantes. El sujeto de René Descartes (2010) fue tan sólo un modo de imaginar-lo.

 

Somos replicantes. Habitamos imágenes; habitamos el modo de imaginar-las. La alienación no pasa por el habitar imágenes; la alienación proviene de la atrofia en el modo de imaginar-las. Pero eso es otro tema.

 

 

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[1] Acá nos referimos a la versión primera del año 1982 y al Final Cut de la edición especial del año 2007 con motivo del 25º aniversario de su estreno.

 

 

 

Bibliografía

 

I.   Descartes, René (2010). Discurso del método - Meditaciones metafísicas. Barcelona: Austral.

II.  Žižek, Slavoj (2016). La permanencia en lo negativo. Buenos Aires: EGodot. Versión Kindle.ii. 

 

 

 

 

 

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