CHILE Y LA INCÓMODA IMAGEN DE LA DESIGUALDAD

Lo que comenzó el 18 de octubre de 2019 como una protesta por el alza en el valor del boleto de metro en Santiago de Chile, visibilizó una serie de descontentos que terminó por levantar a la población a nivel nacional. Pues más allá del caso puntual de los altos costos del transporte colectivo en la capital, es un hecho que Chile es actualmente el país más desigual de la OCDE[1]. El que apenas hace un mes se preciaba de ser “un oasis con una democracia estable” en medio de “una Latinoamérica convulsionada” (Sebastián Piñera, octubre de 2019), muestra hoy la imagen de la desigualdad: elevados costos de vida, salarios insuficientes, un sistema de pensiones que no protege a la población jubilada, educación como bien de mercado, subcontratación, endeudamiento y una larga lista de problemáticas[2] que hoy en día son expuestas en las calles.

 

Pie de foto: Cacerolazo en Santiago. Fuente: El Regionalista www.regionalista.cl

 

 

Aun conociendo las profundas causas del descontento y en plena conciencia del nivel inaceptable de represión estatal a la que la población se ha visto expuesta, la cobertura de las jornadas de protesta en los medios nacionales se ha concentrado en estigmatizar a quienes salen a las calles, responsabilizándolos de los daños materiales y los millones de pesos que costará reponer la infraestructura, lo cual, por cierto, parece ser lo único importante. Sin detenerse a analizar cómo la fuerza policial y los miliares vulneran los derechos humanos de los manifestantes, parece ser que el único fin es recuperar el orden. Se destaca a cada minuto el nivel de destrucción de bienes públicos o privados, abundando imágenes de incendios, de destrozos en la vía pública y de enfrentamientos entre civiles y militares como si se tratara de un espectáculo. Todo esto se acompaña de lamentos por la imposibilidad de retomar el “normal” funcionamiento del país, como si de verdad se deseara regresar al statu quo que maltrató a habitantes de Chile por más de 30 años.

 

Esta estrategia de esconder un tema incómodo y estigmatizar a la población vulnerable en un país que busca difundir una imagen ideal de sí es bastante antigua. La comparación con la dictadura es inmediata, pero se puede ir más atrás aún. Corriendo en siglo XIX, mientras el poder central buscaba introducir la industria y el comercio en el sur de Chile, se expresaba en El Mercurio de Valparaíso la necesidad de someter a la provincia de Arauco y de “reducir a la obediencia a sus bárbaros moradores” (Editorial El Mercurio de Valparaíso, 24 de mayo de 1859, pág.2), haciendo alusión al pueblo mapuche, el cual figuraba dentro de esta representación como el enemigo natural del “progreso”. Diez años atrás de esta editorial, Franz Kindermann, quien asistió a Philippi durante la instalación de migrantes alemanes en Valdivia, caracterizaba como gran defecto de la población nacional el hecho de ser “no dispuesta para el trabajo e incluso menos adecuada y perseverante que los indígenas”[3] (Kindermann, 1849, pág.13. En: "Chile: mit Berücksichtigung der Provinz Valdivia, als zur Auswanderung für Deutsche besonders geeignet"). Por esos años y apoyando la ocupación de la Araucanía, el discurso conservador de la época afirmaba que existía una “desmoralización de las masas” (Vicuña Mackenna, 1865, pág.13. En: “Bases del informe presentado al supremo gobierno sobre la inmigración extranjera”), enfatizando la nula vocación trabajadora de la población nacional y la necesidad de introducir un componente extranjero. Se anhelaba así una vez más la instalación de una racionalidad moderna que convirtiera a Chile en un territorio perfectamente integrado a un proyecto de Estado-nación unitario.

 

Hoy en día, la figura del “enemigo interno” resulta ser sumamente efectiva para dividir e intimidar a una población que exige derechos mínimos y cuyo espíritu ha sido brutalmente acallado durante décadas. La exposición de pérdidas materiales como tragedia colectiva y, en general, el enaltecimiento de la propiedad privada como símbolo de progreso, el orden y la libertad son estrategias discursivas presentes en Chile desde la temprana república, convocando a la población desde una especie de deber moral por defender el funcionamiento del país, por más injusto que éste sea. Se leía en el plan de ocupación de la Araucanía de 1861 que “la industria y el comercio se han extinguido en esas localidades, y la población misma que podía servir de refugio, reducida a escombros y cenizas, los propietarios desposeídos y los bárbaros enseñoreándose de sus últimas conquistas sobre nuestra civilización” (Cornelio Saavedra, 1861, pág.9), justificando la ocupación militar a todo costo. En pleno siglo XX, el propio Pinochet afirmaba que "Nación es tratar de hacer de Chile un país de propietarios y no de proletarios" (El Mercurio - 24 de abril 1987), para más tarde en la franja del Sí durante el Plebiscito de 1988 escuchar que Chile era “un país ganador”. Hoy se le exige a la población de Chile que acuda a sus lugares de trabajo a cualquier costo, como si desmarcarse de las protestas se tratara de un acto de paz.

 

Aunque haya intentado relativizar sus palabras, cuando Piñera declara en pleno 2019 que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite” (Sebastián Piñera, octubre de 2019), está evidenciando cómo es que la forma de estigmatizar a la población no ha cambiado en más de 100 años. Justifica así medidas de represión inaceptables y anacrónicas en una democracia que se preciaba de ser estable. Pues en vez de aceptar la imagen de la desigualdad, se prefiere pensar que los adultos mayores se levantan a diario a trabajar no por necesidad, sino por un noble sentimiento de aportar al país, destacándolo incluso como una virtud del “buen chileno”, inventando de paso clichés de fácil adhesión que hacen sentir orgulloso a un pueblo sometido. En lugar de visibilizar, parece mucho más fácil culpar de la actual crisis a personas cuyas armas son ollas y cucharas.

 

 

 

____

 

[1] Ver http://www.oecd.org/economy/surveys/Chile-2018-OECD-economic-sruvey-Spanish.pdf

 

[2] Sobre los verdaderos salarios en Chile, ver por ejemplo estudio de Fundación Sol: http://www.fundacionsol.cl/estudios/losverdaderos-salarios-de-chile-2018/. En la misma página se accede a otros estudios relacionados.

 

[3] Original en alemán: “nicht aber zur Arbeit geneigt und auch weniger brauchbar und ausdauernd hierzu als die Indianer“.

 

 

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