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MIRAR LA SOMBRA: INFANCIA, CONSUMO E IDENTIDAD EN LA OBRA DE LA ARTISTA CHILENA NATSISO*


Por Daniela Senn** y Alberto López***

“...y deja que te aconseje: no

ames al sol ni a las estrellas, ven,

baja conmigo al reino de la oscuridad”.

(Goethe)


En un intento por justificar su interés por la fealdad, Karl Rosenkranz toma prestadas estas palabras de Goethe, utilizándolas como epígrafe de su libro “Estética de lo Feo” (Ästhetik des Häßlichen), publicado originalmente en 1853. Nosotros lo secundamos. Pues parece ser que tomarse el tiempo para hablar de aquellos tópicos que suelen ser vistos como intrínsecamente negativos – la fealdad en este caso– es hasta nuestros días una actividad a la cual se le exige una justificación, como si no existiera ningún placer en ello. Dicho de otro modo: ¿por qué reflexionar sobre aquello que no nos gusta ver de nosotros mismos?, ¿por qué representar aquellos valores que una generación completa intenta hoy en día esconder? Ahora bien, también es lícito preguntarnos ¿por qué no?


En la obra de la artista chilena NatSiso (Santiago de Chile, 1986) los objetos cotidianos (desde la publicidad hasta los adornos que tenemos en casa) juegan un rol esencial en la definición de la identidad de quien los obtiene y que a diario convive con ellos. Estos objetos, ya sean coleccionables o de un valor funcional, transmiten formas de ver, entender e interpretar el entorno, asignándole un valor a aquello que ilustran. De ahí que uno de los focos de mayor interés de la artista descanse en los juguetes y en la representación de la infancia durante la década de 1990 en Chile mediante éstos. Nosotros, más allá de escribir este comentario como autores o consumidores de artefactos, lo hacemos desde nuestra experiencia como niños que crecieron en esa época, sintiéndonos entonces identificados con el mensaje de la artista.


Contemplar el trabajo de NatSiso enfrenta al espectador a una suerte de paradoja. Allí donde algunos esperarían encontrar armonía visual anclada, por ejemplo, a un cierto parámetro cultural de belleza, la artista regala imágenes más cercanas a lo grotesco. El impacto para el espectador suele ser mayor cuando se descubre que los temas u objetos con que trabaja pertenecen al mundo infantil. En su obra, los juguetes son intervenidos: horneados, quemados, rotos, deformados, al punto de terminar siendo otra cosa, productos factibles de ser interpretados.


Serie de Muñecas derretidas. Óleo sobre tela. 1x1 mt. 2011.

En este nivel, el juguete puede ser entendido como un verdadero dispositivo de conocimiento e investigación, que permite acceder a aquellos contenidos pulsionales del sí mismo.


Como refiere Levin (2012): “La exploración de los componentes de su fabricación, la posibilidad de probar su fortaleza, desarmarlo en sus componentes y aun destruirlo con agresividad son formas de exploración y búsqueda de quién se es, incluyendo la posibilidad de hallar el misterio que alojamos” (348).


En tal sentido, el impacto que a algunos les produce la observación de estos juguetes intervenidos, posiblemente es similar al impacto que ocurre cuando una persona llega a descubrir algún contenido críptico de su mundo interno, que había permanecido hasta entonces velado a la conciencia. Así, la obra de NatSiso parece ser una invitación a la introspección, como si ofreciera una linterna para acompañar el viaje hacia el sótano personal, quizás al dolor de la propia infancia. No es una invitación que podamos definir precisamente como discreta, parece ser más bien una confrontación: “Permaneces con valentía o escapas”.


El Capullo. Instalación. Muñecas derretidas y cocidas, luz roja. Dimensiones variables. 2012.

Sin embargo, cabe recordar que toda obra de arte no corresponde exclusivamente a la proyección de aspectos del mundo interno individual, sino que también es portavoz de un contexto cultural determinado: todo artista es hijo de su época.


Décadas atrás, la publicidad presentaba a la infancia de los 90, imágenes de muñecas y barbies con estándares rígidos y estereotipados respecto del cuerpo y la estética. Posiblemente, a través de su obra, NatSiso busca apropiarse de un modo profundamente singular de su tiempo y de su historia, cuestionando lo que se ha considerado normal. De ahí que el contexto al cual NatSiso hace referencia en su trabajo nos ayude a interpretar su obra.

Es posible considerar los años noventa en Chile como el tiempo de las grandes promesas. La década arranca con el fin de la dictadura y el regreso de la “democracia” (comillas nuestras), seguido de incremento en la capacidad de consumo de cada familia, sobre todo a través de crédito. Esto genera una sensación de seguridad y una esperanza de un futuro prometedor. Por esos años, en un afán de mostrarse como un fuerte exportador, Chile se presentaba a sí mismo como un país exitoso que se diferenciaba del resto de Latinoamérica, al punto de ser protagonista de una escena que difícilmente se olvidará (el transporte de un Iceberg a la Exposición de Sevilla de 1992), y ofrecerlo como un producto típico.


En este contexto, Jorge Larraín, se animaba a destacar “el empuje, el dinamismo, el éxito, la ganancia y el consumo como los nuevos valores centrales de la sociedad chilena” (2001, 162-163); y los niños y niñas eran vistos como un público objetivo preciso de invertir. Así, jugueterías como Ansaldo, Otto Kraus o Village llevaban años (algunas incluso décadas) creando un nicho de ventas especializado para este público infantil. Pues bien, llegaron los años noventa, compartiendo la ilusión del bienestar nacional, en donde, además, las cadenas de comida rápida gozaban de una popularidad magnífica entre niños y adolescentes.


Niño helado. Papel maché, acrílico y objetos encontrados. 30x25 cm .2011.


Parecía ser que la meta para una infancia feliz en el Chile de los años noventa era adecuarse con éxito a una sociedad de consumo. Al mismo tiempo que se naturalizaba el hecho de que las escuelas fuesen en gran medida privatizadas, arrebatándole a muchos niños y niñas su derecho a una educación, se entregaban dulces o juguetes como recompensa o regalo, transformándose rápidamente en objetos deseables o en adicciones con las que muchos niños comenzaron a lidiar y de las cuales hoy en día muchos adultos aún no se pueden liberar. NatSiso toma un muñeco tipo, lo deja en posición de reposo –que parece indicar una actitud pasiva, sin resistencia, o por lo menos entregada– y lo baña en una porción de helado de crema con toques de frutos rojos.


Dentro de la industria cultural especializada, Village parece ser la tienda que más marcó la infancia de la artista. Creada en la década de 1980, Village había tenido su época dorada en los años noventa como tienda de regalos, ofreciendo figuras articuladas, muñecos, peluches, esquelas, stickers, tarjetas con distintos motivos y distribuyendo además conocidos juguetes de compañías internacionales, como trolls o barbies. Todos estos son objetos que NatSiso no sólo reinterpreta y reutiliza, sino que además protagonizan escenas de sus pinturas, tal como la que vemos a continuación, en la cual el muñeco del centro parece experimentar un ataque de frustración en medio de su propia fiesta.


El cumpleaños. Óleo sobre tela. 2x1 mt. 2011.


Un regalo que no llega, un invitado indeseado, la ansiedad o la exposición a viva voz de la voluntad del muñeco del centro parece ser motivo suficiente para el llanto y los gritos. El cumpleaños, con toda la preparación y las expectativas que se tenían de él, resulta ser sin duda estresante. La máscara que está sobre la mesa, si bien no sabemos si le pertenecía al protagonista, parece ser la máscara que éste decide sacarse. ¿Será que la falta de ajuste entre la realidad y las expectativas del mercado produce angustia y frustración incluso en los más jóvenes?


En tiempos en los cuales no había llegado aún el apogeo de la televisión, Theodor Adorno y Max Horkheimer decían que tanto a obreros como a burgueses “la producción capitalista los encadena de tal modo en cuerpo y alma que se someten sin resistencia a todo lo que se les ofrece (1998 [1944], 178). Ese sometimiento contempla entonces también a la infancia, quienes desarrollan desde temprana edad la urgencia de adaptarse dentro de una sociedad de consumo. Para los niños contemporáneos a la artista, esto implicaba verse y vestirse como las personas de la publicidad, tener el último juguete de moda, identificarse igualmente a través de otras mercancías, tales como películas para niños, series o música y, para los más afortunados, lograr el viaje soñado a Disney World. Para la clase media aspiracional del Chile de los años noventa, quien completaba este último punto había cumplido su mayor sueño de infancia, mientras que los padres, por otro lado, habían demostrado su éxito dentro de una sociedad altamente competitiva.


Participar de las escenas de la artista parece regalar la oportunidad de solidarizar con los que siempre han sido excluidos por la sociedad, los monstruos humanos, como diría Foucault (1975). En efecto, el monstruo o el juguete deformado, viene a representar a todos aquellos que están fuera de la norma y que son buscados para la corrección, pero sin éxito. Por otro lado, representar los vicios o la angustia de la infancia que está aprendiendo a comportarse dentro de un sistema capitalista, es una manera de ver nuestra propia sombra, de sumergirnos en aquellas temáticas que, desde una edad adulta, damos por superadas.


Desde esta perspectiva, se trasluce que la obra de NatSiso formula una crítica a los dispositivos sociales de normalización, dándole voz y lugar a otras formas de subjetividad, que también nos pertenecen y forman parte de nuestra identidad, posibilitando así la integración.


Desde marzo del presente año, NatSiso expone en la Biblioteca Viva Norte (Santiago, Chile). Debido a la cuarentena implementada por emergencia sanitaria, su muestra “De los muñecos y la reprogramación” tuvo que ser cerrada apenas un día después de su inauguración. Se espera, sin embargo, que pronto sea reabierta para público.


Finalmente, la invitación que realiza NatSiso es a no permanecer indiferentes; confrontarnos con la sombra y sólo así, aventurarnos a descubrir dimensiones más auténticas de nuestra historia, muchas veces dolor incluido. La experiencia dice que cuando una persona logra este cometido, termina beneficiándose de ciertas propiedades terapéuticas. ¿Será que nos animaremos a explorar?




Bibliografía


  • Adorno, T. y Horkheimer, M. 1998 [1944]. Dialéctica de la Ilustración. Editorial Trotta: Madrid.

  • Foucault, M. 1975. Los anormales. Buenos Aires: Siglo XII.

  • Larraín, J. 2001. Identidad Chilena. Lom Ediciones: Santiago.

  • Levin, R. 2012. El juguete. Psicoanálisis, XXXIV (2), 337-360.

  • Rosenkranz, K. 1992 [1853]. Estética de lo Feo. Julio Ollero Editor.

* NatSiso (Nataly Carrasco Dinamarca) es artista visual titulada de la Universidad de Chile. Sus obras han sido expuestas en el MAC (Museo de Arte Contemporáneo, exposición “Desde el resto” año 2013) y en galerías independientes. Su trabajo en pintura y juguetería se encuentra disponible aquí.


** Daniela Senn Jiménez es antropóloga, magíster en comunicación por la Universidad Austral de Chile y PhD. en estudios regionales latinoamericanos de la Universität zu Köln. Se ha desempeñado como docente tanto en su alma mater como en el Instituto de Historia Ibérica y Latinomericana de la Universität zu Köln. Publicaciones disponibles aquí.


*** Alberto López Vásquez es psicólogo y magíster en psicología clínica de la Universidad de Chile. Docente de la Universidad Católica Silva Henríquez y de la Universidad Sek (Chile). Especialista en temas de parentalidad positiva e infancia. También trabaja en temas de evaluación psicológica, tanto en el ámbito clínico como pericial. Creador de Espacio Creciente.

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