MOVIMIENTO SONIDERO: CONSTRUCCIÓN DE VISUALIDADES ALTERNATIVAS*

No se cuenta con el dato exacto de cuál fue el primer sonidero que surgió, muchos de ellos se autonombran iniciadores. Lo cierto es que fue durante la década de 1940 en la Ciudad de México, donde se volvió cada vez más frecuente la práctica de sonorizar fiestas de XV años, bodas o fiestas religiosas con música tropical. Anteriormente, en las fiestas sonaba música que era tocada por orquestas o conjuntos de músicos; no llegaba aun la tecnología para colocar música grabada, mucho menos para sonorizar todo un espacio a través de bocinas. Esta práctica de sonorizar el espacio público tuvo mucho éxito debido al elevado costo que tenía acceder a los salones de baile y cabarets en donde tocaban orquestas en vivo venidas de diversos países de Latinoamérica.

 

El fenómeno sonidero se gestó en estas prácticas festivas y encontró ahí un fertilizante que lo convirtió en todo un movimiento sociomusical sin precedentes. La fiesta es un concepto que ha tenido mucha trayectoria y muchas acepciones a lo largo de la historia y las zonas geográficas; hacer fiesta es una concepción que ha acompañado a la humanidad desde siempre, pues le da sentido a la forma en que el hombre se relaciona con los otros, cómo ordena su tiempo, cómo se pone en contacto con sus representaciones y concepciones de lo sagrado, cómo se apropia del espacio y reafirma la vida en común y hasta cómo perpetua la memoria a través de lo que festeja.

 

La fiesta, tiene una eficacia simbólica muy importante para el hombre. Sin embargo, la fiesta no siempre se ha concebido de la misma manera, ni tenido los mismos usos en las diversas sociedades.

 

Francisco Cruces en su ensayo De los ciclos insulares a la celebración diseminada (2012) menciona que, la escena festiva de nuestros días consiste en una superposición de momentos en los que convergen diversas narrativas y regímenes de representación, es decir, son más que etapas históricas de nuestros modos de celebrar.

 

Según Cruces, estos momentos festivos se dividen en tres y tienen particularidades específicas. Un primer momento corresponde al de las islas y ciclos, en él encontramos las celebraciones cíclicas de los calendarios agrícola, litúrgico y astronómico, festividades en donde la fiesta ocurre en un tiempo que no es igual al tiempo corriente, la fiesta en este momento se ve como rituales de institución e instalación, de aflicción, de interacción y de intercambio [i].

 

Un segundo momento es el de los rituales seculares, aquí encontramos las formas festivas “civilizadas” y regimentadas. La fiesta se ve como algo negativo, algo que tiene que ser reformado, un estorbo para el trabajo y la sana circulación de capitales, personas y mercancías. Aquí hay un trabajo simbólico en el que van a constituirse los sujetos plenamente modernos: individuos, urbanistas, productores, ciudadanos y contribuyentes[ii].

 

El tercer momento, el de la celebración diseminada, va a constituirse como el momento en que las ciudades crecen considerablemente, surgen las megalópolis con intensa actividad económica, así como la implicación de las nuevas tecnologías del conocimiento y la sociedad de la información. Todos estos procesos transformadores, hacen que la sociedad experimente otras formas de comunidad e interacción; por lo tanto, las formas festivas van a pasar a ser consideradas productos culturales de amplia posibilidad mercantil.

 

Los sonideros entrarían en el tercer momento porque se trata de una celebración fragmentaria, fugaz, itinerante, son celebraciones que operan de manera abierta, es decir, cualquiera puede asistir, aunque no cualquiera se vuelve sonidero, a menos que se asista con frecuencia y se adquiera el “código” de baile que es muy específico. La celebración sonidera también echa mano de la tecnología y el producto que se obtiene de cada espectáculo sonidero siempre es nuevo, distinto a los otros.

 

En la celebración diseminada cabe pensar no sólo en el movimiento sonidero, también pueden caber otras manifestaciones culturales que se dieron a partir de la segunda mitad del siglo XX, como por ejemplo la tecnobrega Brasileña, los raves techno en Inglaterra y EUA, la oleada subterránea y underground de la música disco neoyorquina, el botellón madrileño, entre otras manifestaciones musicales que echaron mano de las intempestivas transformaciones capitalistas en todo el mundo, y que, trajeron consigo un prominente despliegue de tecnología. A su vez, todas estas manifestaciones aluden a una mezcla de géneros musicales y de formas de baile heterogéneas y muy variadas.

 

Por otro lado y siguiendo a Cruces, las celebraciones de este tipo brindan la posibilidad de nuevas formas de acción colectiva, en el caso del sonidero mexicano, dicha acción colectiva se ve reflejada en la toma de la calle para el montaje de bocinas, consolas de audio y pista de baile, o también la visibilización de colectivos sonideros vulnerados por orientación sexual, género, raza o condición socioeconómica, es decir, la acción colectiva excede la cuestión de música-baile.

 

Una característica fundamental de movimientos sociomusicales como el sonidero, nos es dada cuando lo ligamos a la puesta en crisis que suponen los ideales de progreso, es decir, con el sonidero, se ve vulnerada la idea de que la música popular enajena a las masas, de que no existe la participación ni la acción colectiva en el espectáculo. Las manifestaciones como el sonidero son una muestra de que antes, durante y después del espectáculo, existe un trabajo articulado por la sociedad y que pone en entredicho la descalificación de lo que ahí sucede.

 

Por eso, esta práctica de sonorizar el espacio público, que se fue gestando y perfeccionando en barrios y colonias de la Ciudad de México, se desplazó a otros Estados de la República Mexicana como el Estado de México, Tlaxcala, Puebla, Querétaro, llegando incluso al norte del país como San Luis Potosí o Monterrey y ciudades de E.U.A. como Chicago, Los Ángeles o San Antonio.

 

Este movimiento con toda y su espectacularidad, ha logrado dejarnos ver una conformación micro-social de la realidad de muchísimos mexicanos, que va más allá del carácter festivo y/o dancístico y se trasmina a aspectos macro-sociales que funcionan en lo local y poco a poco echan a andar aspectos internacionales.

 

De este modo, las dinámicas en las que entran los sujetos sociales no siempre son visibles desde el lente macro, es necesario acudir a las conformaciones y constituciones subjetivas que se dan en lo ordinario y que no necesariamente reposan en lo social sino que se complejizan con lo económico, lo político, lo geográfico y por supuesto, lo visual.

 

Pensar las imágenes desde su mera reproducción técnica y su reproductibilidad sólo para placer óptico o mercadológico no fue tan fructífero en esta investigación; me parece que más bien, se trata de pensar las imágenes como mecanismos visuales que activan o ponen en circulación maneras de ser y estar dentro de una sociedad, en la vida cotidiana, y que, además, generan una estética de lo cotidiano.

 

IMAGEN 1 Baile Sonidero, Toluca Estado de México, 2017. Los asistentes de un sonidero generalmente acuden a bailar, pero hay seguidores cuya diversión y entretenimiento es ir a escuchar su nombre de boca del sonido que está tocando, así como ver bailar al resto de los asistente.

 

 

 

IMAGEN 2  Montaje de Sonido Pancho de Tepito, Toluca Estado de México, 2017
El montaje del equipo de audio e iluminación de un sonido se hace un día antes del evento o el mismo día por la mañana, dependiendo de la cantidad de equipo que traiga el sonido. Sonido Pancho de Tepito es uno de los sonideros pioneros de este movimiento. Surgió el 12 de Diciembre de 1968 en una fiesta de XV años en el conocido barrio de Tepito en la Ciudad de México. El mando de este sonido etuvo a cargo de Francisco González, apodado “Panchito Derecho” por un locutor de radio famoso de la época. A partir de entonces, Sonido Pancho encabeza carteles sonideros y se ha presentado en numerosos estados de la República Mexicana, Sudamérica y la Unión Americana.

 

 

 

IMAGEN 3 Sonido Pancho y su equipo de trabajo. Baile Sonidero, Toluca Estado de México, 2017
Un sonido se articula de muchas personas que colaboran con diversas actividades. Están los que cargan y descargan bocinas, los que instalan el equipo de audio e iluminación, quienes auxilian al anfitrión a colocar los discos de vinil en las tornamesas, quienes se encargan de modular el audio y/o la iluminación y el anfitrión. Muchos de ellos comenzaron siendo amigos o familiares del dueño del sonido, otros, aficionados a la música tropical se involucran en el trabajo sonidero y se desplazan junto con el sonido a donde se presenta, por ello es que se conciben como una gran familia

 

 

 

IMAGEN 4 Pruebas de auido de Sonido Fiesta Tropical. Baile Sonidero, Toluca Estado de México, 2017.

 

 

 

IMAGEN 5 Parte del equipo de trabajo de Sonido Fiesta Tropical, Toluca Estado de México 2017
Al ser un gran número de personas que colaboran en el montaje y desarrollo del sonidero, éstos portan alguna prenda distintiva; una chamarra, una playera o una gorra. Más que un uniforme, se trata de una prenda que los distingue de otros sonideros y que además, les brinda identidad y orgullo por lograr convocar a muchas personas que los siguen por las canciones que ponen y por la forma de llevar a cabo los saludos y los mensajes.

 

 

 

IMAGEN 6  Petición de saludos en Baile Sonidero, Toluca Estado de México, 2017
Público asistente en espera de escuchar los saludos que piden a través de pancartas, hojas de libreta o papeles. Los seguidores sonideros asisten con la ilusión de esuchar su nombre o el de sus seres queridos en las bocinas monumentales. Muchos de los asistentes acuden al baile sonidero a pedir saludos más que a bailar y son seguidores de sonidos en específico con varios años de asistencia continua.

 

 

 

IMAGEN 7 Baile Sonidero, Sonido RollyMix, Toluca Estado de México, 2017
Un buen sonido se distingue por la monumentalidad de su equipo, por las canciones inéditas que traen y la astucia a la hora de “mezclarlas” en las consolas de audio y más recientemente, la computadora. También, el éxito de un sonido depende de la forma en que envía saludos a los asistentes y la agilidad para leer pancartas y no perder los tiempos de la música.

 

 

 

IMAGEN 8  Puestos ambulantes en Baile Sonidero, Toluca Estado de México, 2017
Hoy en día, un baile sonidero implica una gran gestión por parte de los organizadores debido al espacio que se requiere para el montaje tanto de los sonidos, como de puestos de comida, venta de mercancías sonideras (playeras, gorras, chamarras, pancartas, carteles serigrafeados, etc). A diferencia de los bailes sonideros de antaño, éstos cuentan con mayores posibilidades para presentarse debido a la demanda que tienen por parte de sus seguidores. No obstante, siguen habiendo sonideros que se presentan de manera clandestina, cerrando calles y sin permisos para su desarrollo.

 

 

 

IMAGEN 9 Consola de iluminación en baile sonidero, Toluca Estado de México, 2017
Consola de iluminación de sonido Fiesta Tropical Toluca. Frente al escenario principal, donde se encuentra el anfitrión colocando la música y mandando saludos, se encuentra el área de iluminación que le da el toque idea a los bailarines. Con el tiempo, los sonidos se han visto envueltos en el cambio tecnológico y han tenido que actualizar sus equipos de trabajo para seguir convocando gente. Esto los convierte en grandes conocedores de la tecnología electrónica que ha llegado a México.

 

 

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* Este artículo es parte de una investigación más amplia que lleva por nombre “Movimiento Sonidero: Construcción de socialidades y visualidades”. Dicha investigación tuvo como objetivo el estudio de la construcción de socialidad a través de las múltiples visualidades que arroja un movimiento sociomusical como el sonidero.

 

**Flor Andrea Salazar Lara. Egresada de la Licenciatura en Artes Plásticas y de la Maestría en Estudios Visuales por parte de la Universidad Autónoma del Estado de México. Actualmente trabaja en el desarrollo de un Taller de Artes Gráficas en Lerma, Estado de México. A su vez, sigue investigando movimientos sociomusicales como el sonidero y la repercusión que tienen las imágenes con respecto a la gráfica popular mexicana.

 

Notas:

 

[i] Cruces, F. (2012). De los ciclos insulares a la celebración diseminada. en Delgado, M. y Ramírez, C. M. (Eds.), Sonideros en las aceras, véngase la gozadera (pp.23-44). México: Tumbona Ediciones, pp. 26.

 

[ii] Op. cit., pp. 31.

Para contacto: andymilk98@gmail.com  /  Twitter @DeAndreita  /  Celular: 722 173 4104

 

 

 

 

 

 

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