A JAVIER VILALTELLA

Antonio E. De Pedro


Foto: Antonio E. De Pedro


Éramos realmente cuatro gatos metidos en una pecera: la del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Fuera, la confluencia de la calle Alcalá con la Gran Vía; corría el año 2012, por el Madrid que tanto le gustaba a este catalán universal, ciudadano del mundo y de las artes, que fue Javier Vilaltella. Desde que nos conocimos en Bogotá, entre él y yo siempre, y durante todos estos años, fluyeron las palabras, el cariño y la camarería política y humana: nos entendíamos, y también discutíamos porque no en todo estábamos de acuerdo, como lo hacen los amigos de verdad. Porque como hijos del Siglo, del siglo XX, como diría Badiou, la conversación y el intercambio de ideas nos hacía mas humanos, más vivos y entusiastas con la vida y sus retos. Allí, en aquella “pecera”, se fraguó la Red de Estudios Visuales (RVLAT). Allí, dimos rienda suelta a nuestra entonces utopía, que en noviembre de ese año se hizo realidad en Tunja, Boyacá, cuando la RED se fundó con otras amigas y amigos: Guadalupe Zarate, Elena Rosauro, Susana Rodríguez, Carlos Rincón, ya tristemente desaparecido, Javier Vilaltella y yo mismo. Javier Vilaltella no tenía edad. Su espíritu juvenil era contagioso; lo mismo que su sonrisa. Curtido en el mundo del arte y en todos sus vericuetos, desengaños y optimismos, solía tener una curiosidad inquieta, siempre queriendo saber más; queriendo entender esa relación que el hombre tiene con las imágenes desde las cavernas. Javier Vilaltella amo el arte, pero, más aún, amo la vida y las personas. Las amó con intensidad y con honradez. Amo a Cuba, sus artes y sus gentes. A Latinoamérica por donde viajó, especialmente a Colombia y México. Amó a España y Catalunya con generosidad y con memoria republicana. Amó a Alemania, a la que emigro con sus discursos entusiastas, y contagio a otros de su entusiasmo vital desde las aulas de la Facultad de Filología Románicas de la Universidad Ludwig-Maximilians Universitat Munchen. En todos estos años de amistad, a veces en vivo paseando por Madrid, otras veces por teléfono, casi no había semana que no nos hablásemos, Javier Vilaltella me demostró su amistad y su cariño. Nunca pudo ya cumplir su promesa de vernos este año en Oviedo. Pero nuestros encuentros son tesoros que guardaré en mi corazón mientras viva. Han quedado tantas cosas pendientes, amigo mío. Tantas ideas que desarrollar en una próxima aventura intelectual. Tantos encuentros sonrisas cómplices y discusiones profundas, querido amigo. Javier se ha ido el 10 de febrero: su corazón juvenil no pudo más. Y solo hasta ahora me he podido enterar: el dolor es profundo. Era una noticia que temía: tanto silencio no era normal; y, al final, se ha confirmado lo que nunca quisiera haber sabido. ¡¡¡Hasta siempre compañero!!! ¡¡¡Hasta la victoria siempre, camarada!!! 18 de abril 2022

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