DRONES Y CONTRAVISUALIDAD*

Los estudios visuales, como línea de pensamiento proponen entre otros asuntos, preguntarse  por los procesos políticos implícitos y explícitos en la producción de visualidad, el ver y el hacer, asumiendo la visualidad, lo visual en general, como una práctica que va mucho más allá de producir o estudiar imágenes. El texto de Nicholas Mirzoeff (2011) “El derecho a mirar” es uno de los referentes indispensables para definir el concepto de contravisualidad. De manera muy general, podríamos afirmar que la contravisualidad se plantea como un proceso de transformación de lo real a través de practicas concretas, el autor enfatiza en las genealogías culturales y sociales de lo visual, que incluyen modulaciones y discursos y hace hincapié en la necesidad de la contravisualidad no como una oposición sino como un derecho, el “derecho a mirar” de maneras múltiples y de repensar las visualidades históricamente, en sus operaciones de clasificación, separación y estetización.

 

En cuanto a los drones, se trata de dispositivos tecnológicos que están generando posibilidades y controversias por su uso en el denominado espacio público. En países como México, desde el año 2017 se discute en el Pleno del Congreso la reglamentación para restringir su uso en el espacio aéreo. La Dirección General de Aeronautica Civil emitió una circular que establece los requerimientos para operar en el espacio aéreo mexicano un sistema de aeronave pilotada a distancia (RPAS), lo que incluye un proceso de registro, aprobación y autorización de operación declarando el uso específico que se le dará a la aeronave. Las sanciones que se intentan implementar incluyen cuantiosas multas por operar dispositivos sin permiso y licencia, es decir, que actualmente, la apropiación del espacio aéreo/público y el valor de la información geoespacial que proporcionan los drones, se añade a las disputas por el uso y apropiación del territorio en su cruce con la visualidad. Mapear a través de drones, es un ejercicio que se está llevando a cabo desde iniciativas públicas y privadas, con intenciones tanto sociales o de investigación como de lucro, pues rápidamente se entendió el valor que tiene la producción, adquisición, análisis y procesamiento de este tipo de información visual geolocalizada. en este panorama, las reglamentaciones y sanciones parecen ser la herramienta de los estados para mantener el control.

 

Imagen 1: Manejo de drones por dos operadores militares. Fotografía: Master Sergeant Steve Horton, US Air Force.

 

Las apropiaciones que han hecho diversos investigadores y activistas del concepto de contravisualidad permite asociarlo con actos de resistencia frente a la representación visual del canon, contra las convenciones y estereotipos de los regímenes escópicos dominantes o los históricamente impuestos. Uno de los primeros proyectos de contravisualidad aérea usando drones se remonta a 2004 y fue realizado en la ciudad de Viena bajo el título System 77 Civil Counter-Reconnaissance , (contra-reconocimiento civil) con el slogan: “Ojos en los cielos, democracia en las calles”.  El cineasta Mark Devries utilizó desde 2012 drones para sobrevolar granjas industriales de cerdos operadas por Murphy-Brown, el mayor productor de carne de cerdo en el mundo y exponer así los secretos de este tipo de organizaciones en Estados Unidos, en donde la mayoría de los animales usados son criados en condiciones insalubres y crueles (De Soto Suarez, 2015). El resultado final fue un documental que se anuncio como una investigación DroneFarm.

 

 Imagen 2: Instalación System 77 Civil Counter-Reconnaissance.

 

Proyectos como DroneHackademy, el cual tuvo sus inicios en la ciudad de Río de Janeiro en el año 2015, proponen crear ejercicios de contravisualidad dando vuelta a las funciones establecidas y generalizadas que se le dan a ciertos dispositivos tecnológicos visuales. DroneHackademy, se plantea como un ejercicio de contravisualidad aérea basada en el uso de drones, (vehículos aéreos no tripulados, UAVs por sus siglas en ingles) los cuales al interior de esta iniciativa, son diseñados y operados a partir de código abierto, en lo que sus participantes denominan como ciencia ciudadana para la transformación de dispositivos de control y vigilancia en dispositivos de tecnología social. Retomando las ideas de Mirzoeff (2011) acerca del “derecho a mirar” DroneHackademy se autodenomina como un prototipo de escuela Hacktivista y un laboratorio de ciencia ciudadana en donde se produce teoría crítica y tecnología social. Se argumenta que el espacio, incluso el espacio aéreo, es un bien público y que por lo tanto, los ciudadanos tendrían derecho a usar este espacio (De Soto Suarez, 2015). 

 

En el contexto urbano, una iniciativa importante de DroneHackademy fue producir una cartografía aérea que visualizara la violencia inmobiliaria y los cercamientos de los bienes comunes, en la ciudad de Río de Janeiro  la descripción del proyecto proponía levantar el vuelo allí́ donde está el conflicto, dejar un registro antes de que haya sido destruido, expropiado o privatizado (De Soto Suarez, 2015). En este caso, se utilizaron herramientas digitales de software libre para elaborar una cartografía que fue entregada en 2015 a los habitantes de la Vila, uno de los asentamientos afectados, el material también se distribuyó a redes de apoyo y organizaciones como evidencia y con el fin de explorar el uso de la fotografía aérea en los procesos de abogacía popular y la defensa del derecho a la ciudad de las comunidades locales. Más adelante en este mismo proyecto, la combinación del hacktivismo y ciencia abierta, permitió invitar a los participantes a aprender tanto a construir ellos mismos vehículos aéreos no tripulados de código abierto, como a protegerse de su posible presencia intimidatoria.

 

Imagen 3: Fotografías del proceso en Rio de Janeiro tomadas de la pagina web de DroneHackademy.

 

Este “derecho a mirar” desde el espacio aéreo utilizando las herramientas tecnológicas actuales como práctica de contravisualidad es reclamado por un número cada vez mayor de hackers, artivistas, científicos sociales, periodistas independientes y activistas ambientales. Desde este punto de vista, el uso de drones por parte de ciudadanos organizados se argumenta como ejercicio que busca construir una mirada relacional, igualitaria y recíproca frente a la distribución normativa y naturalizada de lo visible y lo decible, también como un contrapeso del uso de drones por parte de los estados para labores de vigilancia. Se trata de un ejercicio que busca -en la línea de lo propuesto por Mirzoeff- reivindicar que todos tendríamos el derecho de usar la tecnología para mirar allí́ donde se nos dice que no hay nada que ver.

 

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*En este texto se retoman partes de la ponencia “Drones y Contravisualidad. Experiencias, recorridos y micro relatos audiovisuales” presentada en octubre de 2019 en el VIII Encuentro de Investigación y Documentación de Artes Visuales, organizado por el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas CENIDIAP en la CDMX.

 

**Catedrática e Investigadora de tiempo completo en la Facultad de Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila, México. E-mail: adrihana@gmail.com https://unam.academia.edu/AdrianaMoreno

 

Referencias

 

De Soto Suarez, P. (2015). #DroneHackademy: Contravisualidad aérea y ciencia ciudadana para el uso de UAVs como tecnología social. Revista Teknokultura, (2015), Vol. 12 Núm. 3: 449-471

 

Mirzoeff, N. (2011). The Right to Look: A Counterhistory of Visuality. Durham, NC: Duke University Press Books.

 

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